31-03-2009

~ ¿Realidad ilusoria o irrealidad concreta? ~ (Por Lucas F)


Resignado, cerró el libro. No había caso, no era posible seguir así. Se puso de pie, tomó lo que era necesario de la habitación, su abrigo y se encaminó hacia el lugar que su deseo le señalaba.
Al subir al transporte todo le parecía distinto: las chimeneas humeaban un vaho púrpura que cubría el ambiente; las figuras se presentaban irregulares en la tierra y continuas en el horizonte, de manera que el medio en el que se movía en ese instante le parecía extraño, inabarcable e incomprensible.
"¿Cómo? si yo hago este recorrido todos los días". Luego, miró hacia el asiento junto a él y no había nadie..."Ya no está"- se dijo. El cochero le dijo: "¿seguro que desea ir tan lejos?". "Hasta el mismísimo infierno si es necesario"- respondió. El hablarle a un cochero con una capucha negra casi ni le inmutó, a pesar de que aquello no pertenecía a su realidad cotidiana.
En ese momento, en medio de la neblina púrpura que asediaba la irrealidad de su dimensión, vio un destello, un objeto que brillaba de tal manera que encandilaba a cualquier forma de vida que se atreviera siquiera a vislumbrarlo. Supuso que desprendía mucho calor, pues dejaba una estela incendiaria enorme a su paso, logrando que cada edificio que se situase en su camino maldijese el día de su concepción en el escritorio de algún arquitecto.
De alguna extraña manera reconoció al objeto. Trazó un rápido cálculo mental, como solía hacerlo, de la trayectoria de aquella pira voladora. Comprobó entonces, no sin terror, que se dirigía donde se ubicaba aquel objeto, ese cofre, que contenía lo que lo hacía humano.
"Deténgase"- le refirió suavemente al cochero. "Es imposible"- le respondió- "esto no va a parar jamás. Algunos viajan conmigo hasta el final del trayecto; otros saltan de la carroza y huyen, dependiendo de su suerte al caer". Pensó que su abrigo lo haría planear un par de segundos antes de caer al suelo. Simplemente, saltó, sin mirar atrás.
Al despertar, se sintió un poco atolondrado, pero armado del vigor suficiente para poner a salvo al cofre de una segura destrucción. Perdió a su abrigo en la caída.
Ignorando el frío o las dificultades que se le pudieran presentar, evadió los baches del camino y corrió. Corrió hasta que sus células se alimentaron de anfetaminas autoegeneradas. Finalmente, avistó aquel lugar en donde había depositado lo que el consideraba su tesoro más preciado. Abrió la puerta y allí la vio: se trataba de un ser que cubrió sus pupilas de un extraño júbilo, que no alcanzó a dimensionar o siquiera comprender. Jamás volvió a ver de la misma forma.
Era la musa de la poesía, la ninfa más preciada, el hada de las grutas. Sus ojos se dirigieron a los suyos, ya dañados, y él pudo verla y admirarla claramente. Bastaba ese brillo en su mirada y esa sonrisa inocente para saber que se trataba de aquella persona que jamás creyó ver: la que hallaría ese cofre, el cual modificaba sus tonalidades a azulejos de neón cuando lo tomaba entre sus pequeñas manos.
Lo que él no sabía es que justo en aquel momento el gigantesco proyectil etéreo encandiló a la muchacha, por lo que ella sólo alcanzó a ver su silueta. El calor insoportable le afectaba de sobremanera; él, al darse cuenta, corrió, la tomó entre sus brazos y cogió su intenso y precioso aroma. "Toma el cofre"- le dijo. "Pero no sé quién eres. Vine aquí buscando esta cajita, pero debo saber a quién le pertenece". Mientras hablaba se dio cuenta de que no podía ver con claridad, pues sus palabras se dirigían hacia otra dirección. "Primero debemos huir"- le dijo él finalmente.
Como un relámpago, la tomó y se alejaron de ese lugar. El proyectil impactó directamente en el lugar en el que se encontraba aquella pequeña cajita, la que lo impulsó a realizar las acciones que realizó.
La conmoción, el calor y el estallido terminaron por dejarla inconsciente. Con mucho dolor, comprobó que sus ojos se dañaron. Jamás podría verlo.
Entonces, concentró toda su energía restante, a la que el identificaba con su esencia, y la depositó en el cofre. Ésta adquirió, entonces, tonos rojos y purpúreos, pues al parecer se adaptó a la energía de la muchacha, que distinguía de ese color.
"No sabrás quién soy"- le susurró suavemente, mientras ella permanecía en su estado de inconsciencia. "Estoy plenamente seguro de que esto cuidará de ti" y procedió dejando el cofre sobre su vientre. Fue así como, sin que ella se diera cuenta siquiera, que él le robó un beso de su preciosa boca. Luego, tiernamente la dejó sobre un lecho que fabricó, la besó en la frente y admiró su rostro por última vez, mientras una gota de agua salada recorrió la mejilla de la chica. No estaba cerca el mar y tampoco le pertenecía a ella.
Se puso de pie, deseando que ella abriera el cofre y lo percibiera, entendiera, se pusiera de pie y pudiera verlo. No dio vuelta atrás. No lo sabrá.


Nota: Cuento escrito por el magnánimo amigo Lucas Fernández.

~ Un alma vagabunda ~ ( Por Jesús M)


Un alma vagabunda
Dejaste al irte
Un alma a media oscuridad
Absorta, sangrante
Que lamenta al no encontrarte
No tiene respuesta
A la lógica interrogante
Y lucha sin vida
Para encontrar una salida
Del pozo de herencia
Y me miro con vergüenza
Al verme despreciable
Por tu abandono respetable

Un alma vagabunda
Me siento y entiendo
Que busques nuevos horizontes
Que otorguen
Lo bello que nunca podría yo darte
Comprende y entiende
Que solo soy un caminante
De sueños y anhelos
De tu búsqueda constante
Y te pierdo hasta en sueños
Apaga la luz y hasta luego…


Nota: Canción escrita por Jesús morales, una gran alma amiga.

26-03-2009

~ One coffe, yesterday ~


Mis pies caminan sin saber yo hacia donde. Observo perdido el suelo, levantando a veces mi rostro en intentos fugaces por despertar. Pero ni siquiera deseo hacerlo. Quiero permanecer vacío, pensando en cómo dar el siguiente paso a través de la gente que atraviesa mi piel, y nada más. Nada más, hasta que las luces en la noche resalten atractivas frente a mis ojos. Escenario vivo de recuerdos, me alzo y observo ahora detenidamente mi alrededor. Un café en donde se alcanza a escuchar “i don’t see anybody that dear to me” enciende emociones contenidas fuertemente, y en un segundo, solo en un segundo, siento ganas de mirar hacia atrás. Pero no lo hago, y eso es lo que buscaba. La música parece ahora purificarme al sumirme en un estado de nostalgia, de alegría y tristeza mezcladas. Las personas tras el ventanal de las palabras intermitentes atraen la sensación de la comunidad anhelada, aquella de tus recuerdos, en aquel lugar que amas, y que visualizabas a veces en tus sueños de viajes y metas acordadas. Pero continúo solo, aquí donde decidí llegar, bajo la noche estrellada de historias y luces magníficas y coloridas, confundiendo mi mente tanto como mis ojos ya cansados. Y siguen caminando todos, las luces prendiéndose, emergiendo nuevas melodías, llevándose tragos a sus bocas, besándose los enamorados bajo la fuente central de los deseos y amando, matando, viviendo y odiando. Y como simple sociedad continúa, con concretos e ilusiones. Las luces se apagan.
Suspiro, y trato de descifrar algo en las ondas dibujadas en el agua. Pero no veo otra cosa que el reflejo de donde me encuentro. Hermoso paisaje nocturno que acompaña mis sentimientos, va desordenándose a medida que mis ojos comienzan a nublarse. Y me detengo, muevo mis ojos de un lado a otro y, desesperado, salgo disparado por las calles repletas de personas que no hacen más que remarcar mi extranjera soledad. Miradas ajenas y acogedoras, pasan y me estacan sin control. Y cuando alcanzo al gran puente blanco, disminuyo el paso y me estanco en medio de él para observar el río claramente iluminado de nuevo por los recuerdos. Otro suspiro. Levanto mis brazos, lanzo un grito al aire, y me quedo mirando el firmamento un momento, dándome las gracias por ser y estar como soy y estoy ahora. Tarareo ahora una canción, una de esas que dan magia a los momentos. Nuevamente Fleet Foxes. Y siento suavemente que me tocan el hombro. Doy media vuelta y ahí estaba: era la brisa que envolvía tu cuerpo la que me advirtió. Solo miraste sonriendo casualmente y volviste tu mirada hacia el agua, de espaldas a mí. Los detalles preciosos como aquellos te convierten en un creedor de tonteras y nuevas ilusiones pintadas. Mas, vuelta la tranquilidad y la confianza, me doy cuenta que ni siquiera con la lluvia te has borrado, ni tampoco todos ellos, los de atrás, ni los de ahora, ni los de siempre y nunca, pues son marcas, marcas como tus lágrimas, que nacen y mueren, pero que viven un largo y bello proceso intermedio. Sí, en medio, como aquel que intervine en ese momento. Y es así. Recuerdo tus mejillas húmedas cuando, al hablarte, te volteaste con tu sonrisa sobrepuesta ahora al trago amargo de la soledad, y detuve una de tus gotas a medio camino y la deshice en mis dedos, compartiendo juntos grandes creaciones. Al medio, eso es.
Y ya el tiempo pasa y no se olvida. Se supera y se conoce. Ahora entro al café, les hablo a los caminantes y me aventuro en nuevas historias. Y no olvido, no obstante, insisto, espero a por que las nuevas historias sincronicen con las ya recordadas y me eleven. Así de hermoso es esta caprichosa ilusión no menos útil ni menos hermosa. Y luego me vuelvo solo, otra vez, y camino por estas nuevas rutas, distantes y ahora cercanas.

19-03-2009

~ ... 8, 7, 6, 5. ~


La despliego cuidadosamente y comienzo a buscar. Recordaba haberla puesto junto al montón de papeles ocultos en el compartimento inferior en el centro. Saco todo, y voy discriminando rápidamente los cachureos interiores, pasando por tarjetas amistosas, una carta ya superada y dos fotografías significativas. La primera de estas era una de ella, que me entregó el último día antes de marcharse. Se mostraba muy joven, reflejo único de los días que pasábamos juntos persiguiéndonos. No lo olvido. La segunda era una imagen que me revolucionaba internamente, como si se tratara de alcanzar aquello en la distancia, lo anhelado, aun a pesar de ciegamente no ver el evidente fracaso: era una foto de mi infancia. Tenía alrededor de cinco años en ella, pero no recuerdo muy bien nada de aquel tiempo. Es extraño, triste, no poder memorar los momentos que tanta nostalgia traen cada día a tus experiencias. Siguen ahí, saltando, pero los he escondido lejos de mi memoria cercana. Decidí hacerlo.
Me encontraba sentado observando al parecer mis pies, lo que no me convencía más que la posibilidad de estar perdido en la arena. Quizás qué observaba. No lo recuerdo, ni siquiera a quien me sacó la foto en aquel amado lugar. ¿Por qué no miraba a la cámara? Me encontraba de espaldas, distraído tal vez, y seguía sin recordar detalle alguno de ese instante. Lo que sí recuerdo es la sensación del mar, el cómo la brisa mantenía fresco mi cuerpo, movía mis cabellos frágiles y me invitaba a cerrar mis ojos lentamente: sentía volar, sentía perderme en el viento fantástico. Aun cuando me aferraba cada vez a la tierra palpando la madera, mis emociones se elevaban con las gaviotas por entre las nubes, y se movían dulces y bellas dando giros y embelleciendo las caídas en picada desde lo alto para detenerse rápido y ascender, ascender cada vez más, llenándome, purificándome, acompañándome totalmente en mi pequeña soledad. Aquella playa de mis recuerdos nunca me abandonó, pero no podía alcanzar los momentos de antaño, aquellos de las historias, aquellos por los que muchos se ríen o terminan cabizbajos, aquellos de los que decidí huir un día. Sí, los abandoné. Y lo hice por que los amaba. Lo hice por que no podía volver a ellos. Lo hice por que la inocencia de la realidad estaba ya perdida, y mis ojos, apenados ya de observar la infinidad reinante, lo opacaron todo.
Me encontraba solo, frente al mar, con las olas rompiendo en las rocas, y las aves sonando armoniosas. No sé si lo invento o no, pero las emociones me acompañan. No puedo recordar lo concreto, el momento. Pero me basta sentir. Sí, sentir esto y aquello, y junto a mi mente recrear una tarde ya desvanecida por los años, revivirla, atesorarla y hacerla brotar dentro de mí, como nuevas energías, para un par de nuevos días. Sí, eso.
Y en mi habitación solo, continúo el intento de justificarme en el pasado. Sin darme cuenta observo nuevamente la foto, con mis ojos húmedos, mis manos temblorosas y mi sonrisa quebrada. Pareciera que llueve ahora, pero no fue así antes. Por que al escuchar el sonido de la cámara me doy la vuelta, distraído, y pierdo de vista al bicho bajo las arenas. Ya no sé donde se habrá metido. Se ha zambullido y quizás ha vuelto camino a casa. Bajo, y busco ahora con mis manos. Desordeno la arena, pero nada. Y al pararme, e intentar decir palabra alguna, mis ojos son tapados por tus dos reconocibles manos. Las saqué de mi rostro alegre, me voltee, y te abracé amando tu compañía siempre ausente. Tu, aquel día a mis cinco años…


Nota: Este cuento se relaciona con "1, 2, 3... 4.", sus ideas, imágenes e idéntica nostalgia.

17-03-2009

~ El hombre sin nombre ~ (Por Ale A)


Hombre le decían
Pues nombre no tenía
De voz quebrantada
Con su autoestima baja
Y la cabeza agachada
Cuentan que por ahí le vieron
Caminando en el silencio,
Donde las almas no penan
Y donde el viento no sopla.
Donde las voces del subconsciente
Le condenan a seguir vagando
Y donde su propio yo
Le habla para llamarlo;
Pero no sabe cómo
Pues no tiene nombre
Y esto le pesa al hombre,
El no saber cómo se llama
Ni saber quién dentro de él se esconde
Aunque bien cierto día
Un secreto le revelaron:
Hombre, quítate tu disfraz
Que te tapa el rostro,
Quítalo antes de amanecer
Pues fíjate que el hombre
No vale por su disfraz,
Sino que por su nombre
…luego busca la identidad
Que dentro de ti se esconde
Y a ella ponle tu nombre.


Escrito por Alejandra Ávalos, bella amiga, a sus 16 años.

15-03-2009

~ 1, 2, 3... 4. ~


Mis tres grandes hermanos. Muchas fotos habían en la caja, pero sin duda las que más me intrigaban eran las de ellos tres haciendo cada tontera juntos. Eran pocas ocasiones en las cuales las reuniones familiares daban el paso para una de aquellas aventuras lejanas que tanto agradaban a los viejos y jóvenes de su generación. Claro, personas como yo no pueden recordar bien esas cosas, ni siquiera comprenderlas del todo. Pero suelo preguntar bastante. Mas en el momento cuando me encuentro solo con sus imágenes, recreo las respuestas. Qué curiosas. Siempre me he cuestionado el por qué yo nunca tuve tal cantidad de fotografías. Seguramente habrá pasado algo que lo impidiera. Tal vez no. Tal vez fue el cambio de casa. Y poco a poco voy observándolas, entretejiendo los fragmentos que tengo en mi mente y soñando los momentos únicos que debieron pasar juntos los tres. Qué envidia. Lo poco que recuerdo de aquellos años no lo recuerdo junto a ellos. Quizá por qué será. Sí, son muy lejanos.
Aquel invierno. Corrían los tres por debajo de la mesa haciendo tambalear sus patas y casi logrando volcar un vaso de agua que se servía mi abuela. Continuaron corriendo, no haciendo caso alguno de la histeria de mamá. Ocho, diez, doce. Juntos revivían el desorden cada vez, cada nuevo día. Afuera hacía frío, pero estaban bien abrigados. Nunca les faltó aquello. La hora de almuerzo ya se había esfumado, y todos perdieron sus miradas en el exterior, en la cocina, en el fútbol por el televisor. Ellos proseguían. Sus bananos llenos de bolitas resonaban con cada uno de sus saltos por entre el barro y las plantas. Cuidado! Se cayeron algunas, se pelearon por ellas, rieron, empujaron, gritaron, callaron, rieron, caminaron. Persiguieron al ya viejo perro que descansaba bajo la ventana, luego de despertarlo con continuos tirones y zamarreos. Kasán, Kasán, le llamaban juntos. Lento, se movía muy lento. Lo sobrepasaron y se olvidaron de él por un momento. Subieron a la negra reja y le gritaron al chico Juan, su amigo, que se acercara. Probablemente volvía de comprar. Sonrieron. Carcajadas, juntos. Bajaron, corrieron nuevamente, saltaron los maceteros, evitaron al perro perplejo, y se detuvieron en seco frente a papá que los esperaba. Papá… aquel hombre. Es él el que los detuvo. Una mirada y un par de palabras bastaron para que se terminara el ruidoso jueguito. Fumaba en aquel entonces. A ellos no les gustaba el humo del cigarro que se expandía a su alrededor. Se alejaron poco a poco intranquilos. Papá logró retener a uno de los tres, mientras los otros escapaban hacia la reja eufóricos, asustados. Papá se dirigió hacia ellos sosteniendo al cautivo entre sus brazos, y Lo besó y abrazó, una y otra vez. Y en ese momento comenzó a chispear. Aquella tarde llovió bastante fuerte. Hacía frío. Mucho, lo recuerdo. Detrás de papá se encontraba mamá. Esta sostenía fuertemente con su mano izquierda el chaleco de papá. Y se volvieron a reunir subiéndose a la reja los tres, y mirando hacia el cielo esperaron a por las gotas de lluvia que cayeran sobre sus rostros. Mamá los llamó a entrar. Sostenía una sonrisa triste cuando los veía de esa manera juntos. Los tres eran felices.
Lo recuerdo. Aquella tarde mamá salió al patio a buscar a los desordenados que se divertían despreocupados, sin tomar en cuenta ya el hecho de haber sido reprendidos el día anterior. Ahora buscaban la nieve. Sí, nevó aquella tarde, como casi nunca ocurrió posteriormente. Mamá me sostenía y me mantenía asegurado del frío exterior junto a sus cálidos brazos. Claro, lo recuerdo. Era el cuarto. Los vi aquella vez juntos, sonriendo, saltando y dando vueltas alrededor de los charcos que salpicaban, mientras los copos de nieve blancos adornaban el jardín y sus cabezas. Nos miraron, a mamá y a mí. Nos sonrieron alegres. Y corrieron luego rodeándonos a ambos. Qué lejanos días. Pude verlos esa vez, pero nunca pertenecí a sus historias. Solo las fotos quedan de los tres; en algunas desobedientes sin control y en otras preocupados hermanos por el menor. Solo eso. Lejanos míos que no son más que anhelos en mis recuerdos. Los tres, siempre los tres.

Nota: Cuento editado. Algunas palabras fueron cambiadas, mas nada muy significativo.

14-03-2009

~ Mi lógica & mi ilusión ~


El ser humano justifica su existencia en el resto. Aun cuando en definitiva en el punto final seguiremos siendo individuos solitarios, necesitamos a los otros más en un proceso que en un término. Y es así. Nos formamos en gran medida por ellos, quienes condicionan a cada momento nuestra visión de aquella realidad única y verdadera. Somos el producto de sus faltas, de sus logros, de su compañía, de sus insultos, de todo lo que nos envuelve en conjunto. En gran parte es así. Yo y los demás.
Se han buscado infinidad de cosas dentro de la historia de la humanidad. Los orígenes han sido una de ellas, y nos han llevado a progresar y a evolucionar nuestras formas de pensamiento. Hemos logrado comprender en parte aquello que está allá fuera. Pero no por que hayamos podido tomar con ambas manos “parte” del absoluto podemos atribuir tal magnífica característica a todo lo que nos rodea. No. Las leyes universales sí que están ahí. Hemos alcanzado muchas de ellas. Pero entendamos que nadie nos ha puesto en el universo para desentrañar sus secretos. No somos favoritos de nadie. Somos seres humanos, producto de lo que nos condicionó a evolucionar. Somos el resultado del orden natural, de aquello que es real, total y maravilloso. Y es por esto que la sociedad, nuestro resultado evolutivo, definitivamente no comparte la característica absoluta del universo. Como existencia y como parte del todo sí, pero en cuanto a su desenvolvimiento no es más que un espejismo del increíble orden natural. El universo posee un orden imposible de explicárnoslo y experimentarlo, y nosotros solo tenemos el pensamiento. ¿Podemos pensar que tenemos todas las herramientas de comprensión? Insisto, somos evolución y no especiales. Nuestras culturas son algo fuera de nuestro propio control además, por que no tienen un orden final como la naturaleza, y si intentamos armonizar en una sola respuesta todo aquello solo lograremos confundirnos y dar vueltas en un círculo de estabilidad y caos una y otra vez. Nada más que eso.

La sociedad no es universal. Es de nosotros. Semejanzas pueden haber para comparar, sí. Pero no son más que eso. Semejanzas, que a carencia de conceptos que puedan darle una explicación exacta a su realidad, como continuamente pasa al expresarnos lingüísticamente, les atribuimos otros para simplificarnos el trabajo. No podemos siquiera imaginarnos qué otras formas posibles podría existir en el exterior y cuán primitiva o avanzada es la nuestra de aquellas otras manifestaciones. ¿Se podría comparar siquiera en base al concepto “sociedad” realidades tan distintas entre sí?
La sociedad no existe de absolutos sino de acuerdos. Y el gran problema de esto es que las personas se enriquecen de ilusiones y fantasías por doquier, incentivándolos mucho. Y entre esos ensueños se encuentra el de la “sociedad” idealizada. Algo especial, una entelequia social. Yo no creo en eso. Y parte del resto sigue buscando esa respuesta, buscando arreglar o evitar esto o aquello, y no saben que las hay múltiples respuestas. Eso es, existen múltiples sociedades y ese es el problema. Mientras existan particularidades, condicionantes, afinidades y desacuerdos será imposible llegar a un pacto grupal estable y mucho menos a uno global por el que muchos creen luchar.
¿Qué acordar entonces? Ni siquiera un pequeño grupo puede mantenerse estable por demasiado tiempo. ¿Y esperan mantener las esperanzas en lo global? Qué ilusión. Demasiado hermosa, y por lo mismo atractiva. Y continuo, ahora aceptando el hecho de que mi raciocinio es algo y mi construcción occidental es otra. Sí, es esta última quién mantiene vivo en mi mente la ilusión que tanto intento dejar. Y no puedo. Y no puedo por que es lo que vuelve hermoso mi vida, la que te hace soportar la nada posterior que nos espera a todos. Es la que le da un significado al ahora lleno de significados, y no al después repleto de nada. Por que simplemente, a pesar de que estoy envuelto como todos en una construcción social de la realidad, esta tiene cosas hermosas y horribles.
El ahora es un cuadro amargo de pintura surrealista, una melodía nostálgica de acordeón, unas emotivas imágenes en blanco y negro, una película de un significativo momento, una escultura que nos da sombra mientras conversamos y reímos y damos vueltas por el pasto bajando la pendiente hasta caer, revolcándonos mientras te quito la bufanda y corro por esconderla. Es la representación de amor y odio que hemos creado. El ahora es lo grandioso que puede ser darle significado a las cosas junto a ustedes. Incomparable sensación, inolvidables recuerdos. Aquello vale la pena, no obstante se rompe una y otra vez. Y me vuelvo a decepcionar, y vuelvo a pensar en el “por qué” aun cuando lo entiendo. Por que en una sociedad construida, y estando yo en ella, no puedo sacarme lo impuesto por nuestro legado histórico. Y lo entiendo, pero seguiré preguntándomelo. Y me mantendré buscándote ilusión, capricho mío, renegándote, viviéndote, atesorando los momentos que pasamos, cayéndome y levantándome, para luego volver a buscar más de esos momentos. Y cuando me canse de la estabilidad y del caos momentáneo, te conoceré y volveré a querer pasear.
Me disgustan y los detesto. Qué confuso al pensar en ellos. Pero solo bastó aquel abrazo, unas precisas palabras, y un gran momento juntos para volver a creer en lo mismo. Me decepciono y me esperanzo. Tan extrema es la vida. Y por lo mismo, la sensación de seguir bien con ustedes es tan grande que puede levantarme una y otra vez, así como volver a defraudarme considerablemente. Todo lo hago por mí. Ustedes son para mí por mí. Si nuestra afinidad nos juega una mala pasada llego a pensar en tirar todo. Sin embargo aparece un momento de armonía y los estimo, e intento mantener la agrupación ecléctica aunque sea un fugaz momento más.
Si tengo una gran ilusión en mi vida son las personas. Y pienso por ellas, por entenderlas, por que también soy una de ellas. Una ilusión que contradice mi lógica…

11-03-2009

~ ¿La vida es un sueño? ~ (Por Pipo)


Que mi lápiz se remita a lo que le conviene
a frases cortas y poco entendibles
porque mis bocas
cocidas con venas sangrientas
quieren gritar que no entienden nada

Que la vida quizás fue mal llamada
que dios no se escribe con mayúscula
que las estrellas son lágrimas pasadas

que mis ojos observen todo y nada
porque ya desconozco donde hallar
la verdad de los colores

Ya no sé, donde termina esta página
y mis murmullos que imitan la pluma
se dejan llevar sin vacilación
sin evadir
No
sin evadir, que me encuentro perdido
entre segundo y segundo
me encuentro perdido entre tan poco creerás
pero no he podido detener el tiempo
y me quedo atrás con el segundo que se viene encima
uno encima de otro
ya no puedo comprender tanto
tanto que cae como cascada cada lapso
cada pestañeo
no he podido comprender porque como ni cuando
el hombre busca amanecer
y no despierta al alba
no puedo medir la distancia entre hombre y hombre
entre tic y tac
No. No puedo evadirme.
tantas mentiras tragadas
como píldora amistosa de madre asesina

tanta oración,canto y pregón
llevado al altar como hostia
tragado como bestia
y convertido en excremento
Ya no sé. Quiero ponerle el nombre a todas las cosas de nuevo

Y el génesis comenzaría sin barro ni costilla
sin dios, sin demonio,sin manzanas.
sin hombre, sin mujer.Ambos por un mismo nombre.
la biblia ya no mentiría
y el cristiano más ferviente lo creería
como píldora de madre
sin dinero para píldora.

la vida sería un sueño
la luna se llamaría sol
y el sol no tendría nombre
cada quien lo nombraría a su antojo

las palabras, no tendrían dueños
y los árboles olvidarían todo lo visto.
comenzarían a crecer sus raíces sin aferrarse a la tierra
si no caminando por ella

y yo treparía en sus brazos fuertes y sabios
les cantaría, dormiría en sus ramas
y viajaría el resto de mis horas que ya no estarían contadas

y conocería a todos
y sería todos al mismo tiempo

escribiría, infinito revelado, tiene fin lo he visto!
escribiría, vacío no existente
escribiría, final para algunos
escribiría, cero más vacío

Podría imaginarlos y sentirlos. vivirlos , respirarlos.
mis manos estarían llenas de tinta
y todos estarían borrachos por las noches
y las culpas serían perdonadas
y nadie se vería afectado
la sangre ya no sería violenta
la vida ya no sería un momento
los hijos crecerían más lento
las familias se amarían
las ciudades cambiarían de vestuario
los colores existirían sin problemas
el gris ya no sería
yo lo borro
lo pavimento

Las cordilleras no serian el portón de las naciones
el mar sería el silencio orquestado
y el recuerdo amargo de lo que fuimos.

Quizás en el mar dejaría el gris, el portón, la biblia, pero no el dolor.

Creo en lo que creo.

Ya los he visto, a todos sentados en la orilla del mar llorando
viendo reflejados sus rostros tristes en la espuma
en la brisa, el aroma del sufrimiento.
Todos peregrinando a la costa
en busca de una herida silenciosa
nadie quedará atrás
no existirá injusticia con tanto dolor.

Será la única obligación
que todos aceptarán sin temor.
Otra palabra que ya olvidarán.

Pero no.No puedo evadirme
contándome estas mentiras

más vale al resto
persignarse y escapar
cuando están cerca
escuchando los quejidos de la tierra
los llantos del viento
lo funesto de nuestras vidas

Olvidarse, que todo esto
ya perdió el sentido hace mucho
y que refugio
no existe
mas que en sus propios cerebros maquinales mentirosos
que se asfixian en verdades vestidas de oveja
ya nada de esto tiene finalidad
su trabajo, sus pasos
se pueden perder si ustedes lo desean
tome el vagón equivocado
escape e invente nuevas palabras
olvide quien fue
y construya una vida nueva
no la deje a medias
media moribunda

No la deje plantada.

y crea que usted es capaz de evadir y sufrir
todo al mismo tiempo.

Crea en que no debe creer.


~~ Gran poema escrito por un amigo, Pipo. ~~